domingo, 5 de abril de 2009

el cuidador de árboles

la abrupta responsabilidad de humedecer las raíces de cada sauce en veinte millas a la redonda me ha caído como bendición del cielo. estaba a punto de rendir mis hábitos de cuidador risueño y cariñoso a la hostilidad del imperio mercantil. nada hay que puedan darme a cambio de lo que yo sé hacer, no hay pago posible para una vida...

ahora me llaman a la revolución, pues suponen que matando van a demostrar que el suyo es un conocimiento más exacto de la doctrina política que obliga en el establecimiento de un pueblo y sus propiedades. y yo mataré? tal vez. sólo hasta que pueda inventar algo para escaparme, o me maten a mí en el intento. de todos modos, en ese lodo que cae de abajo hacia arriba no hay caras, ni almas, ni personas; sólo hay juguetes y sangre. que nos maten a todos, que estamos ahí porque lo merecemos!

qué bonito me veo con mi casco, mis botas y mis sueños de humanidad...
z

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